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Autor: Jean de La Fontaine
Cuentan que una vez crecieron juntos un junco y un roble. Con el paso de los años, el roble se convirtió en un árbol enorme y majestuoso. Orgulloso de su tamaño y fortaleza, comenzó a menospreciar al pequeño junco.
—¡Qué pequeño y débil eres! —le decía con tono burlón—. Ni siquiera tienes ramas, y tu tallo no soportaría el peso de una sola de las mías. Mira en cambio mi tronco: fuerte, robusto y poderoso. Soy mucho más grande que tú.
El junco escuchaba en silencio y continuaba creciendo junto al río, sin responder a las provocaciones del roble.
Un día, una gran tormenta se abatió sobre la comarca. Los vientos soplaron con una fuerza jamás vista. El roble, confiado en su poder, se mantuvo firme y desafiante frente al huracán. El junco, en cambio, se inclinaba una y otra vez siguiendo la dirección del viento.
La tormenta se volvió cada vez más intensa. El viento golpeó con tal fuerza al roble que terminó arrancándolo de raíz y derribándolo sobre el suelo.
Cuando finalmente regresó la calma, el junco seguía en pie. Había sobrevivido porque no intentó resistir aquello que era más fuerte que él. En lugar de enfrentarse a la tormenta, se adaptó a ella.
Y así comprendieron quienes observaron la escena que la verdadera fortaleza no siempre está en la rigidez, sino en la capacidad de ser flexible cuando las circunstancias lo exigen.
📖 Moraleja:
"La flexibilidad puede ser más fuerte que la rigidez."