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El príncipe feliz

Autor: Oscar Wilde En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz. Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada. Por todo lo cual era muy admirada. -Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico. Y realmente no lo era. -¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito. -Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa. -Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarla...
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Caminante no hay camino

  Autor:  Antonio Machado Incluida en: Campos de Castilla Proverbios y cantares (XXIX) Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar.

El Labrador y sus hijos

  Autor: Félix María Samaniego Un labrador estando ya muy cercano á la muerte, llamó á sus hijos, y les dijo: hijos mios, ántes que yo muera, deseo instruiros de todo, y así os digo, que yo dejo todos mis bienes en nuestra viña; cuando quisiereis partirlos entre vosotros, buscadlos en ella, y allí los hallaréis. Despues de haber fallecido el padre se fueron ellos á la viña á buscar los bienes que el padre habia dicho, y creyendo hallar un tesoro, cabaron la viña con mucho afan, y con todos los instrumentos que se necesitan para cultivar la viña, y no hallaron el tesoro que creian; pero como la viña fué muy bien cabada, dió mucho fruto aquel año: y partiéndoselo entre sí, dijo uno de ellos: el fruto de la viña es sin duda el tesoro que el padre nos ha dejado. Del continuo trabajo se saca el tesoro.  Moraleja: El hombre que tiene oficio, lleva consigo su patrimonio.

El maestro y la taza de té

  Adaptado de un cuento zen tradicional. Hace mucho tiempo, en un valle silencioso, vivía un muchacho con un hambre insaciable de conocimiento. Había oído hablar de un anciano maestro, un sabio ermitaño que vivía en una pequeña cabaña en la montaña, y decidió buscarlo con la esperanza de convertirse en su discípulo. Al encontrarlo, el muchacho le expuso su deseo con entusiasmo. El maestro, de mirada serena, lo escuchó en silencio y, con una leve sonrisa, asintió. — Está bien —dijo con voz mansa—. Ven mañana cuando el primer rayo de sol toque la cumbre y comenzaremos. El joven, incapaz de dormir por la emoción, llegó a la cabaña mucho antes de la hora acordada. Esperó impaciente hasta que el cielo se tiñó de rosa. Al fin, la puerta se abrió. — Pasa, muchacho —le invitó el viejo—. Antes de nada, compartamos un té. Sentó al joven a una mesa de madera desgastada y puso una taza vacía frente a él. Cogió la tetera y comenzó a servir el líquido ámbar. El aroma inundó...

Mapa

  Interpreta: Siddhartha Avienta las cobijas Levanta ya esa habitación Abriendo las cortinas Dejando que te pegue el Sol Y, luego, ya sal de ahí Aunque ahora no entiendas nada Salir a encontrarte a ti Y me digas dónde estoy ¿Y ahora qué? Si ya no hay regreso a mi casa Empezaré desde las ruinas de mi alma ¿A dónde iré? Si ya no hay cruces en el mapa Me alejaré miles de millas en el mar Prepara las maletas Apaga ya tu reflector Soltando lo que aprietas Dejando que te lleve el flow Y, ahora, ya sal de ahí Entrega y no esperes nada Salir a buscar y al fin Descubrir a dónde voy ¿Y ahora qué? Si ya no hay regreso a mi casa Empezaré desde las ruinas de mi alma ¿A dónde iré? Si ya no hay cruces en el mapa Me alejaré miles de millas en el mar ¿Y ahora qué? Si ya no hay regreso a mi casa Empezaré desde las ruinas de mi alma ¿A dónde iré? Si ya no hay cruces en el mapa Me alejaré miles de millas en el mar

La última hoja

Autor: O. Henry En un pequeño distrito al oeste de Washington Square las calles se han vuelto locas y se han dividido en pequeñas franjas llamadas "lugares". Estos "lugares" forman extraños ángulos y curvas. Una calle se cruza a sí misma una o dos veces. Un artista descubrió una vez una valiosa posibilidad en esta calle. Supongamos que un cobrador con una cuenta de pinturas, papel y lienzos, al atravesar esta ruta, se encontrara de repente volviendo, sin haber recibido un centavo a cuenta. Así pues, la gente del arte no tardó en llegar al pintoresco y viejo Greenwich Village, a la caza de ventanas al norte y frontones del siglo XVIII, áticos holandeses y alquileres bajos. Luego importaron algunas tazas de peltre y uno o dos calientaplatos de la Sexta Avenida, y se convirtieron en una "colonia". En la parte superior de un edificio de tres pisos, Sue y Johnsy tenían su estudio. "Johnsy" era familiar para Joanna. Una era de Maine; la otra, de Califo...

Invictus

Autor: William Ernest Henley Apartado de la noche que me envuelve Negra como el aljibe de polo a polo, Doy gracias a los dioses quienesquiera que sean Por mi espíritu indomable. En las garras del instante No me he estremecido ni llorado a gritos. Bajo los golpes del azar Mi cabeza está cubierta de sangre, pero no se dobla. Más allá de este lugar de ira y lágrimas Inminente es sólo el Horror de la sombra, Y todavía la amenaza de los años Me encuentra y me encontrará libre de temor. No importa lo estrecha que sea la puerta, Cuán llena de castigos la bóveda Yo soy el amo de mi propio destino, Yo soy el capitán de mi alma.