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Entradas

La última hoja

Autor: O. Henry En un pequeño distrito al oeste de Washington Square las calles se han vuelto locas y se han dividido en pequeñas franjas llamadas "lugares". Estos "lugares" forman extraños ángulos y curvas. Una calle se cruza a sí misma una o dos veces. Un artista descubrió una vez una valiosa posibilidad en esta calle. Supongamos que un cobrador con una cuenta de pinturas, papel y lienzos, al atravesar esta ruta, se encontrara de repente volviendo, sin haber recibido un centavo a cuenta. Así pues, la gente del arte no tardó en llegar al pintoresco y viejo Greenwich Village, a la caza de ventanas al norte y frontones del siglo XVIII, áticos holandeses y alquileres bajos. Luego importaron algunas tazas de peltre y uno o dos calientaplatos de la Sexta Avenida, y se convirtieron en una "colonia". En la parte superior de un edificio de tres pisos, Sue y Johnsy tenían su estudio. "Johnsy" era familiar para Joanna. Una era de Maine; la otra, de Califo...
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Invictus

Autor: William Ernest Henley Apartado de la noche que me envuelve Negra como el aljibe de polo a polo, Doy gracias a los dioses quienesquiera que sean Por mi espíritu indomable. En las garras del instante No me he estremecido ni llorado a gritos. Bajo los golpes del azar Mi cabeza está cubierta de sangre, pero no se dobla. Más allá de este lugar de ira y lágrimas Inminente es sólo el Horror de la sombra, Y todavía la amenaza de los años Me encuentra y me encontrará libre de temor. No importa lo estrecha que sea la puerta, Cuán llena de castigos la bóveda Yo soy el amo de mi propio destino, Yo soy el capitán de mi alma.

El roble y el junco

Autor: Jean de La Fontaine Cuentan que una vez crecieron juntos un junco y un roble. Con el paso de los años, el roble se convirtió en un árbol enorme y majestuoso. Orgulloso de su tamaño y fortaleza, comenzó a menospreciar al pequeño junco. —¡Qué pequeño y débil eres! —le decía con tono burlón—. Ni siquiera tienes ramas, y tu tallo no soportaría el peso de una sola de las mías. Mira en cambio mi tronco: fuerte, robusto y poderoso. Soy mucho más grande que tú. El junco escuchaba en silencio y continuaba creciendo junto al río, sin responder a las provocaciones del roble. Un día, una gran tormenta se abatió sobre la comarca. Los vientos soplaron con una fuerza jamás vista. El roble, confiado en su poder, se mantuvo firme y desafiante frente al huracán. El junco, en cambio, se inclinaba una y otra vez siguiendo la dirección del viento. La tormenta se volvió cada vez más intensa. El viento golpeó con tal fuerza al roble que terminó arrancándolo de raíz y derribándolo sobre el suelo. Cuand...

La Renovación del Águila

El águila es el ave de mayor longevidad de su especie; puede llegar a vivir hasta 70 años. Sin embargo, para alcanzar esa edad, alrededor de los 40 años deberá tomar una seria y difícil decisión. A esa edad, sus uñas se vuelven largas y flexibles, dificultándole atrapar las presas de las que se alimenta. Su pico, largo y puntiagudo, se curva hacia su pecho. Sus alas envejecen, sus plumas se vuelven gruesas y pesadas, y volar comienza a resultarle cada vez más difícil. Entonces el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará aproximadamente 150 días. Para ello, vuela hasta la cima de una montaña y se refugia en un nido cercano a un paredón rocoso, donde no tenga necesidad de volar. Una vez allí, comienza a golpear su pico contra la roca hasta desprenderlo por completo. Después espera pacientemente a que crezca uno nuevo. Cuando el nuevo pico ha nacido, lo utiliza para arrancarse una a una las viejas uñas. Y cuando las nuevas uña...

Hoy

Canta: Gloria Estefan Tengo marcado en el pecho Todos los días que el tiempo No me dejó estar aquí Tengo una fe que madura Que va conmigo y me cura Desde que te conocí Tengo una huella perdida Entre tu sombra y la mía Que no me deja mentir Soy una moneda en la fuente Tú, mi deseo pendiente Mis ganas de revivir Tengo una mañana constante Y una acuarela esperando Verte pintado de azul Tengo tu amor y tu suerte Y un caminito empinado Tengo el mar del otro lado Tú eres mi Norte y mi Sur Hoy voy a verte de nuevo Voy a envolverme en tu ropa Susúrrame en tu silencio Cuando me veas llegar Hoy voy a verte de nuevo Voy a alegrar tu tristeza Vamos a hacer una fiesta Pa' que este amor crezca más Tengo una frase colgada Entre mi boca y mi almohada Que me desnuda ante ti Tengo una playa y un pueblo Que me acompañan de noche Cuando no estás junto a mí Tengo una mañana constante Y una acuerla esperando Verte pintado de azul Tengo tu amor y tu suerte Y un caminito empinado Tengo el mar del otro lad...

El patito feo

  Por: Hans Christian Andersen ¡Qué lindos eran los días de verano! ¡Qué agradable resultaba pasear por el campo y ver el trigo amarillo, la verde avena y las parvas de heno apilado en las llanuras! Sobre sus largas patas rojas iba la cigüeña junto a algunos flamencos, que se paraban un rato sobre cada pata. Sí, era realmente encantador estar en el campo. Bañada de sol se alzaba allí una vieja mansión solariega a la que rodeaba un profundo foso; desde sus paredes hasta el borde del agua crecían unas plantas de hojas gigantescas, las mayores de las cuales eran lo suficientemente grandes para que un niño pequeño pudiese pararse debajo de ellas. Aquel lugar resultaba tan enmarañado y agreste como el más denso de los bosques, y era allí donde cierta pata había hecho su nido. Ya era tiempo de sobra para que naciesen los patitos, pero se demoraban tanto, que la mamá comenzaba a perder la paciencia, pues casi nadie venía a visitarla.  Al fin los  huevos se abrieron uno tras...

La liebre y la tortuga

Por: Esopo En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga. -¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga. Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre. -Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo. -¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre. -Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera. La liebre, muy divertida, aceptó. Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos. Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura! Luego, empezó a correr, corría veloz como el vie...