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El patito feo

  Por: Hans Christian Andersen ¡Qué lindos eran los días de verano! ¡Qué agradable resultaba pasear por el campo y ver el trigo amarillo, la verde avena y las parvas de heno apilado en las llanuras! Sobre sus largas patas rojas iba la cigüeña junto a algunos flamencos, que se paraban un rato sobre cada pata. Sí, era realmente encantador estar en el campo. Bañada de sol se alzaba allí una vieja mansión solariega a la que rodeaba un profundo foso; desde sus paredes hasta el borde del agua crecían unas plantas de hojas gigantescas, las mayores de las cuales eran lo suficientemente grandes para que un niño pequeño pudiese pararse debajo de ellas. Aquel lugar resultaba tan enmarañado y agreste como el más denso de los bosques, y era allí donde cierta pata había hecho su nido. Ya era tiempo de sobra para que naciesen los patitos, pero se demoraban tanto, que la mamá comenzaba a perder la paciencia, pues casi nadie venía a visitarla.  Al fin los  huevos se abrieron uno tras...
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La liebre y la tortuga

Por: Esopo En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga. -¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga. Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre. -Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo. -¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre. -Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera. La liebre, muy divertida, aceptó. Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos. Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura! Luego, empezó a correr, corría veloz como el vie...

El bambú japonés

Leyenda Tradicional Japonesa Érase una vez dos agricultores que, camino al mercado, se pararon en el puesto del viejo vendedor de semillas sorprendidos por unas semillas que nunca habían visto antes. —Mercader, ¿qué semillas son estas? —preguntó uno de ellos. —Son semillas de bambú y son muy especiales —contestó el mercader. —¿Y por qué son tan especiales? —indagaban los otros. —Es difícil de explicar. Llevároslas y luego ya lo veréis vosotros mismos. Además, solo necesitan agua y abono.  —les respondió. Los dos agricultores, curiosos e intrigados por esas semillas tan especiales, decidieron llevarse un puñado cada uno. ¿Cuál sería el secreto que escondían? ¿En qué se convertirían? Una vez en sus tierras, los agricultores plantaron las semillas y siguiendo las indicaciones del mercader, empezaron a regarlas y a abonarlas con mimo. Pero pasaban los días, las semanas y los meses y,  mientras las demás semillas ya habían crecido (y sus plantas dado sus frutos), las semillas de ba...

Si...

Por: Rudyard Kipling Si puedes estar firme, cuando a tu alrededor todo el mundo se ofusca y tacha tu entereza, si cuando dudan todos, fías en tu valor y al mismo tiempo sabes, excusar su flaqueza. Si puedes esperar y a tu afán poner brida, o ser blanco de mentiras y esgrimir la verdad, o siendo odiado, al odio no dejarle cabida y no ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad. Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey, si piensas y el pensar no mengua tus ardores, si el triunfo y el desastre no te imponen su ley, y los tratas lo mismo, como a dos impostores. Si puedes soportar que tu frase sincera sea trampa de necios en boca de malvados, o miras hecha trizas tu adorada quimera, y tornas a forjarla con útiles mellados. Si todas tus ganancias, puestas en un montón, las arriesgas osado en un golpe de azar y las pierdes y luego, con bravo corazón, sin hablar de tus pérdidas vuelves a comenzar. Si puedes mantener en la ruda pelea, alerta el pensamiento y el musculo tirante, para usarlo...

Limonar

  Interprete: Greeicy Caminé, donde mis sueños me llevaron Y encontré, otros nuevos que cumplí Hasta que olvidé Disfrutarme cada paso que logré Y porqué empecé Cómo extraño ese lugar Soñaba con volar y ahora Sólo quiero regresar, Soy la misma no soy otra Pero cambió mi realidad Y lo que de verdad importa. Qué bonita es la vida Me ha cumplido algunos sueños que tenía Y me ha roto con un par de despedidas, Fue pa' enseñarme que soy mucho más capaz De lo que creía. Qué bonita es la vida Que me recuerda lo que a veces se me olvida Perdí cosas que pensé que volverían Pero si me siento a esperar Lo único que va a pasar es, la vida Hoy no quiero que los días se me pasen Sin a los míos poder regresarles Todo lo que han hecho Todo lo que hacen Aunque ni la luna se compare Con toda la magia cuando estamos juntos Porque son la fuerza que mueve mi mundo Que estén conmigo, sólo eso necesito. Y gracias porque nunca imaginé, Que, a través de un ángel en forma de niño Puedan calmarse todos tus mie...

El arbol de los problemas

  Autor: Jorge Bucay El carpintero que había contratado para que me ayudara a reparar una vieja granja,  acababa de finalizar un duro día trabajo. Su cortadora eléctrica se estropeó y le hizo perder una hora de su trabajo, y su antiguo camión se negaba a arrancar. Mientras lo llevaba a su casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación: su bronceada cara estaba con una inmensa sonrisa. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente, me acompañó hasta el coche. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que le había visto hacer un rato antes. –        ¡Oh! Ese es mi árbol de los problemas -contestó-. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una c...

Táctica y estrategia

  Autor : Mario Benedetti Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible mi táctica es quedarme en tu recuerdo no sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme con vos mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple Mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites.