Ir al contenido principal

El príncipe feliz


Autor: Oscar Wilde


En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.

Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.

Por todo lo cual era muy admirada.

-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico.

Y realmente no lo era.

-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.

-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.

-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.

-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?

-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.

Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.

Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad.

Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás.

Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.

-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.

Y el Junco le hizo un profundo saludo.

Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.

Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.

-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.

Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.

Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.

Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.

-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.

Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.

-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.

-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.

Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.

-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!

Y la Golondrina se fue.

Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.

-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.

Entonces divisó la estatua sobre la columnita.

-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.

Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.

-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.

Y se dispuso a dormir.

Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.

-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.

Entonces cayó una nueva gota.

-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.

Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.

La Golondrina miró hacia arriba y vio... ¡Ah, lo que vio!

Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.

Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.

-¿Quién sois? -dijo.

-Soy el Príncipe Feliz.

-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.

-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. 

Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón.

Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placeres la felicidad. 

Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.

«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.

-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. 

Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. 

Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarla el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita - dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!

-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas, volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.

Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.

-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.

-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.

Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.

Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.

Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.

Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.

-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!

-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!

Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el ghetto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.

Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.

La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.

-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.

Y cayó en un delicioso sueño.

Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.

-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.

Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.

Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.

-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!

Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.

Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!...

-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.

Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.

Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.

Por todas parte adonde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:

-¡Qué extranjera más distinguida!

Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.

-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata.

Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. 

Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.

-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?

-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.

-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.

Y se puso a llorar.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.

Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.

El joven tenía la cabeza hundida en sus manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.

-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.

Y parecía completamente feliz.

Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.

Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.

-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.

-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.

Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.

-He venido para deciros adiós -le dijo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?

-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. 

Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. 

Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.

-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. 

Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.

-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.

Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.

-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña.

y corrió a su casa muy alegre.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.

-Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.

-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.

-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.

Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.

Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.

-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.

Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.

Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.

Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.

- ¡Qué hambre tenemos! -decían.

-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.

Y se alejaron bajo la lluvia.

Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.

-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.

Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.

Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.

-¡Ya tenemos pan! -gritaban.

Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.

Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.

Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.

La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.

Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.

Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.

-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.

-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.

-No es a Egipto adonde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?

Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.

En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.

El hecho es que la coraza de plomo se habla partido en dos. Realmente hacia un frío terrible.

A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.

Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.

-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!

-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.

Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.

-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.

-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.

-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.

Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.

Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.

-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.

Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.

-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.

-O la mía -dijo cada uno de los concejales.

Y acabaron disputando.

-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho,

Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.

-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles,

Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.

-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.

Entradas populares de este blog

LA INVESTIGACIÓN DE LA REALIDAD

ENSAYO CRÍTICO LA INVESTIGACIÓN DE LA REALIDAD Por varios miles de años el hombre, desde su aparición en la tierra, se ha preocupado de investigar la realidad que le circunda. Si bien al principio fue hecho de modo muy precario, es decir, no lo hizo científicamente; los cortos pasos que fue dando, han conducido paulatinamente al desarrollo que conocemos. Hoy en día la investigación tiene que ser rigurosa ya que la realidad es una y su apariencia suele ser otra, muchas veces radicalmente opuesta. Cuando pensamos en las palabras del obispo Berkeley [i] y nos atrevemos, como él, a dudar de la existencia misma de la materia que queda reducida a simples sensaciones del espíritu, la investigación de la realidad se hace, aún más, cuesta arriba. Al respecto Lenin empleó varias páginas para dedicarle estudio a la filosofía de Berkeley: "...Los filósofos idealistas más modernos no han producido ningún... argumento que no pueda encontrarse en el obispo Berkeley [ii] . Esto nos tranquiliza, ...

HABLAR ESPAÑOL: UN LUJO DE MUCHOS

Transcribo este conjunto de números y datos, para mostrar que no somos pocos y que en realidad somos muchos y que podríamos hacer muchas cosas unidos si nos lo proponemos. Sólo para dar un ejemplo: proteger el mundo hispano en cuanto a cultura y economía se refiere. Conozco muchas personas que desean hablar adecuadamente el idioma español y en el mundo son varios millones, personalmente conozco unos gringos que tartamudean mal y lento – como preguntando - nuestros verbos y complicándose con los artículos y sustantivos, no sabiendo como emplear el tuteo y el usteo y cosas por el estilo que para nosotros son: “pan comido”. Quizá nosotros no le damos la importancia que merece a nuestro querido idioma y nos resignamos a leer en inglés algunos libros técnicos, cuando podemos exigir que nos los den traducidos al igual que las canciones de modo y que los músicos que quieren conquistarnos como compradores, sencillamente traduzcan y adapten su música para venderla en nuestros países, donde p...

Invictus

Autor: William Ernest Henley Apartado de la noche que me envuelve Negra como el aljibe de polo a polo, Doy gracias a los dioses quienesquiera que sean Por mi espíritu indomable. En las garras del instante No me he estremecido ni llorado a gritos. Bajo los golpes del azar Mi cabeza está cubierta de sangre, pero no se dobla. Más allá de este lugar de ira y lágrimas Inminente es sólo el Horror de la sombra, Y todavía la amenaza de los años Me encuentra y me encontrará libre de temor. No importa lo estrecha que sea la puerta, Cuán llena de castigos la bóveda Yo soy el amo de mi propio destino, Yo soy el capitán de mi alma.

Por qué la hija de Bill Gates no puede casarse con un hombre pobre

Todos los derechos de sus respectivos autores. Bill Gates explica por qué su hija no puede casarse con un hombre pobre "Hace unos años asistí a una conferencia de inversión y finanzas en los Estados Unidos. Uno de los oradores fue Bill Gates, y en la fase de preguntas y respuestas, le hice una pregunta que hizo reír a todos Si Él, el hombre más rico del mundo, pudiera aceptar que su hija se casara con un hombre pobre o humilde. Su respuesta convirtió algo en mí. Billy Primero, comprenda que la riqueza no significa tener una cuenta bancaria ocupada. La riqueza es ante todo la capacidad de crear riqueza. Ejemplo: el que gana la lotería o los juegos de azar. Incluso si gana 100 millones — no es un hombre rico: es un hombre pobre con un montón de dinero, por lo que el 90% de los millonarios de lotería después de 5 años vuelven a ser pobres. Tú también tienes gente rica que no tiene dinero. Por ejemplo, la mayoría de los empresarios. Ya están en camino a la riqueza, incluso si no tiene...

HABLEMOS DE INTERNET, SU ALCANCE Y SU DESARROLLO

¿Cuántos internautas hay? ¿Cuántos website existen? ¿A qué velocidad crece Internet? ¿Cuáles son los servicios más relevantes? ¿Están escaseando los dominios? ¿Qué hay de las famosas brechas? ¿Qué pasará con los idiomas? ¿Qué de los países asiáticos? Ufff, cuántas preguntas y, de hecho, sin duda, hay muchas más. Algunas se han resuelto parcialmente, pero el mundo de la cibernética: recién comienza y ya es una verdadera tormenta. Los analistas más optimistas siempre se han quedado cortos ante todos sus pronósticos. De todos los medios masivos de comunicación es el que más recursos requiere, no sólo económicos, sino también de capacitación, pero a pesar de este hecho, es el que más ha desarrollado y en un menor tiempo. Desde el punto de vista teórico de la comunicación, el Internet es el verdadero medio de comunicación por excelencia, ya que permite una eficaz y eficiente forma de intercambiar comunicación. El Internet es verdaderamente democrático y será el nuevo hito de la historia de...

El mejor líder es quien hace que las personas hagan cosas muy grandes

En el ámbito del liderazgo, una idea clave resaltamuchas otras podría ser:  "El mejor líder no es el que hace las cosas más grandes; es quien hace que las personas hagan las cosas más grandes".  Esta frase engloba la esencia del liderazgo transformacional y efectivo.  Pero, ¿qué significa realmente esta frase y cómo se la puede aplicar en el entorno profesional? La Esencia del Liderazgo Transformacional El liderazgo transformacional se centra en inspirar y motivar a los miembros del equipo para que alcancen su máximo potencial.  A diferencia del liderazgo tradicional, que a menudo se enfoca en el control y la dirección, el liderazgo transformacional busca empoderar a los individuos.  Un líder transformacional no solo dirige ; crea una visión compartida y proporciona a su equipo las herramientas y la motivación necesarias para superar sus propias expectativas. Fomentando el Crecimiento y el Desarrollo Un líder efectivo reconoce que su éxito no se mide por sus log...

Power Skills: Un líder lleva a las personas a donde nunca habrían ido solas

En un mundo en constante cambio, la habilidad de guiar equipos hacia metas que parecían inalcanzables es lo que define a un verdadero líder.  La frase "Un líder lleva a las personas a donde nunca habrían ido solas" encapsula esta idea de liderazgo transformador.  Sin embargo, ¿qué habilidades son esenciales para lograr esto? La respuesta se encuentra en las llamadas "Power Skills". ¿Qué son las Power Skills? Las Power Skills, anteriormente conocidas como "soft skills", son un conjunto de habilidades interpersonales y de comportamiento que facilitan la comunicación, la resolución de problemas y la gestión efectiva de equipos. A diferencia de las "hard skills" o habilidades técnicas, las Power Skills son más abstractas y se relacionan con la inteligencia emocional, la capacidad de inspirar y la habilidad para adaptarse a diversas situaciones. La relación entre Power Skills y liderazgo Un líder eficaz debe poseer una combinación equilibrada de habil...

La Buena Comunicación: Abriendo Puertas y Creando Oportunidades

En un mundo cada vez más hiperconectado y grandes cantidades de información ciuculando, la habilidad de comunicarse de manera efectiva se ha convertido en una de las competencias más valoradas en todos los contextos. Tanto en el ámbito profesional o personal, una buena comunicación tiene el potencial de abrir puertas y crear grandes oportunidades.  A continuación, exploraremos cómo una comunicación clara y efectiva puede transformar tu vida. La Comunicación Efectiva: Más que Palabras La comunicación efectiva no se trata solo de hablar con claridad, sino también de escuchar activamente, comprender el contexto y responder de manera adecuada. Esta habilidad implica transmitir tus ideas y emociones de una manera que sea entendida y apreciada por los demás. Al dominar esta habilidad, puedes influir positivamente en tu entorno y alcanzar tus metas con mayor facilidad. Abriendo Puertas con la Comunicación Oportunidades Laborales: Una comunicación efectiva es clave durante las entrevistas ...

Empatía: El Arte de Comprender los Sentimientos de los Demás

En el mundo de hoy que parece moverse cada vez más y más rápido, donde las interacciones se han vuelto en su mayoría digitales y breves, la empatía se erige como un faro, guiándonos hacia relaciones más profundas y significativas.  Pero, ¿qué significa realmente ser empático? ¿Y cómo podemos cultivar esta habilidad tan esencial? La Esencia de la Empatía La empatía es mucho más que una simple muestra de simpatía o compasión.  Es el arte de comprender los sentimientos de los demás.  Esto implica ponerse en el lugar del otro, sentir sus emociones y ver el mundo desde su perspectiva.  No se trata solo de escuchar sus palabras, sino de captar el tono, las pausas y las emociones detrás de esas palabras. ¿Por Qué es Tan Importante la Empatía? La empatía es la base de la conexión humana. Nos permite forjar vínculos más fuertes y genuinos con quienes nos rodean.  Cuando practicamos la empatía, creamos un espacio seguro donde las personas se sienten comprendidas y valorad...

LECCIONES GENIALES DEL MEJOR VENDEDOR DE AUTOS DE LA HISTORIA

Todos los derechos de sus respectivos autores. 𝐉𝐨𝐞 𝐆𝐢𝐫𝐚𝐫𝐝, el rey absoluto de las ventas de autos, no se hizo leyenda por ser diplomático. Sus métodos eran despiadados y certeros. Su filosofía te guste o no, fue esta: 𝗻𝗼 𝘃𝗲𝗻𝗱í𝗮 𝗮𝘂𝘁𝗼𝘀, 𝘃𝗲𝗻𝗱í𝗮 𝘂𝗻 𝗲𝘀𝗰𝗮𝗽𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗹𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲𝘁𝗲𝘀𝘁𝗮𝗯𝗮𝗻. 𝐄𝐥 𝐦𝐚𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐯𝐞𝐧𝐭𝐚𝐬 Joe Girard vendió más de 𝟭𝟯,𝟬𝟬𝟬 𝗮𝘂𝘁𝗼𝘀, llevándose el récord Guinness. Su éxito radicaba en saber algo que la mayoría de los vendedores ignoran: la gente no compra autos, compra una salida de la rutina, un impulso de grandeza, y sobre todo, la posibilidad de ser alguien mejor.  Girard veía que sus clientes llegaban destrozados, frustrados con vidas que no los hacían sentir vivos. Cuando un hombre entraba a su agencia, cansado de su propio reflejo y de la mirada de indiferencia en su familia, Girard veía una oportunidad. Y él le ofrecía algo más que un auto: **le daba un símbolo d...