Adaptado de un cuento zen tradicional. Hace mucho tiempo, en un valle silencioso, vivía un muchacho con un hambre insaciable de conocimiento. Había oído hablar de un anciano maestro, un sabio ermitaño que vivía en una pequeña cabaña en la montaña, y decidió buscarlo con la esperanza de convertirse en su discípulo. Al encontrarlo, el muchacho le expuso su deseo con entusiasmo. El maestro, de mirada serena, lo escuchó en silencio y, con una leve sonrisa, asintió. — Está bien —dijo con voz mansa—. Ven mañana cuando el primer rayo de sol toque la cumbre y comenzaremos. El joven, incapaz de dormir por la emoción, llegó a la cabaña mucho antes de la hora acordada. Esperó impaciente hasta que el cielo se tiñó de rosa. Al fin, la puerta se abrió. — Pasa, muchacho —le invitó el viejo—. Antes de nada, compartamos un té. Sentó al joven a una mesa de madera desgastada y puso una taza vacía frente a él. Cogió la tetera y comenzó a servir el líquido ámbar. El aroma inundó...